
sábado, 26 de abril de 2008
miércoles, 23 de abril de 2008
Una Corona de sauces

miércoles, 2 de abril de 2008
Noche de pájaros

La noche
un presagio del alba
el sol es un prólogo de espuelas.
En cada escalón de la noche
mis besos subirán a tu boca
en cada cataclismo de tus caderas
mis manos contarán
las huellas de cada dedo
en cada recodo de tus venas.
En la noche
la tentación de tu cuerpo
escribirá deseos
en la redondez fecunda
de mis ganas soterradas.
En la noche
mis labios buscarán perdidos
la humedad de tu boca
en la noche...
la sombra de mis pájaros
dormirá entre tus pechos.
Amor mío
Arroz amargo

Abajo en la vaguada, el río Putumayo, conversando con cada guijarro, discurriendo en cada capítulo gredoso del suelo… y allí vine a saber que eras virgen. No eras del perpetuo socorro, ni siquiera de la caridad del cobre, pero cuando te abracé y sentí tu olor a mujer inmaculada, huí de ti como se huye de la peste… Quizás, no te mereces un machacón como yo. No estoy hecho para cateador de vetas tan ricas, soy un pobre gambusino, enamorado de la luna, de los pájaros y de esas mujeres que ya ostentan alguna presea de guerra… Vengo del arroz amargo. Soy así, continuó diciendo Ceferino Machuca. Talvez, soy un descalabro de ser humano, pero aprendí a amarrarme solo los zapatos a los cinco años. Nunca seré un golfo, con balcón al mar, pero… Una mañana de Junio, se asomó al balcón y vio un plato lleno de agua de lluvia, un plato redondo como los ojos de Isabel y allí comprendió que los ciclos de la historia eran redondos como la lluvia… Entonces, siguió jugando por los patios de cien escuelas al “pin pin Serafín cuchillito de marfil”…Volvieron a encontrase… ¿Recuerdas? Tú venías cabizbaja, con la niña durmiendo en tus brazos morenos… y él, todavía pensando en los olores perdidos de tu juventud. Entonces inició aquel periplo infatigable a través del tiempo… Inexorablemente llegará el día de la redención y entonces caerá –sobre los carceleros- ceniza, azufre y fuego… pero, pensó, talvez los rectos de corazón, volvamos a sentir en el rostro la caricia redonda y fresca de la lluvia.